En la dimensión escatológica de la Palabra de Dios de la Exhortación Apostólica Verbum Domini nos consta que el que ahora quisiese preguntar a Dios o querer alguna visión o revelación, no solo haría una necedad sino que haría un agravio a Dios. El sínodo ha recomendado ayudar a los fieles a distinguir bien la Palabra de Dios de las revelaciones privadas, cuya función no es la de… “completar” la Revelación definitiva de Cristo, sino la de ayudar a vivirla mas plenamente en una cierta época de la historia. El valor de las revelaciones privadas es esencialmente diferente al de la única revelación pública: ésta exige nuestra fe; en ella, en efecto, a través de las palabras humanas y de la mediación de la comunidad viva de la Iglesia, Dios mismo nos habla. El criterio de verdad en una revelación privada es su orientación con respecto a Cristo. Cuando nos aleja de Él, entonces no procede directamente del Espíritu Santo que nos guía hacia el Evangelio y no hacia fuera. La revelación privada es una ayuda para esta fe, y se manifiesta como creíble precisamente cuando remite a la única revelación pública. Por eso, la aprobación eclesiástica de una revelación privada indica esencialmente que su mensaje no tiene nada contrario a la fe y a las buenas costumbres; es lícito hacerlo publico, y los fieles pueden dar su asentimiento de forma prudente. Una revelación privada puede introducir nuevos acentos, dar lugar a nuevas formas de piedad o profundizar las antiguas. Pueden tener cierto carácter profético ( Ts 5:19-21) y prestar una ayuda válida para comprender y vivir mejor el Evangelio en el presente; de ahí que no se pueda descartar. Es una ayuda que se ofrece pero no es obligatorio usarla. En cualquier caso, ha de ser un alimento de la fe, esperanza y caridad, que son para todos la vía permanente de la salvación.
DIMENSIÓN ESCATOLÓGICA.
Para saber diferenciar cual es el grano y la paja podemos decir que la parte correspondiente a las ciencias matemáticas tiene origen providencial, pues la persona a la que ha sido revelada este misterio alega que inmerecidamente puede contemplar la majestad del sol durante un tiempo indefinido y no quedarse ciego, permitiendo el Altísimo este signo entre otras razones como una marca de origen divino.
Cristo nuestro Señor, tras su Pasión extinguió su vida en la misma Santa Cruz, por ello podemos saber que desde la Santa Cruz Él volverá de nuevo a nosotros en toda su gloria, por ello podemos afirmar que en este mensaje de predicación de la Santa Cruz que encontrará de forma íntegra en esta Web en la que nos valemos de la propia ciencia como una herramienta más para poder iluminar la razón, es un mensaje de pre-anunciación al Evangelio según (Mt 24:30). Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre. Mientras todas las razas de la tierra se golpearán el pecho, verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo con el poder divino y la plenitud de la gloria.
Es por ello que estudiando estas palabras de Mt 24:30, podemos comprender mejor el sentido de este mensaje, pues debemos de propagar antes de la venida del Señor, que la Santa Cruz está presente en todo lugar como ahora ya podemos conocer, siendo algún día en el mismo cielo el último lugar donde se hará presente para dar paso la Parusía.
REVELACIÓN AÚN NO RECONOCIDA
A pesar de ser aún una revelación no reconocida por la Santa Iglesia, está en manos de la jerarquía eclesial, llegando como conclusión previa mientras se sigue estudiando que todo esto podría hacer mucho bien a muchas personas y que puede motivar a seguir buscando la verdad.
El Señor nos dice que nada hay oculto, que no haya de ser manifestado (Lc 8:17) ; buscad y hallaréis ( Mt 7:7), y en verdad es así porque desde el mismo momento de la muerte de nuestro Señor, nos revela la gran importancia, el excelso misterio de la Santa Cruz, el cual hemos ido descubriendo a través de los siglos y que ahora vemos con claridad que no podemos extinguir. Es evidente que el misterio de la Santa Cruz es inherente a la Creación del Universo, por ello no lo podemos ignorar ni menospreciar.
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